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Flora de Murcia

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Archivos de julio, 2010

Zephyranthes grandiflora, El Palmar

La Zephyranthes grandiflora es una bulbosa nativa de América tropical (México, etc.) de vistosas flores solitarias color rosa intenso. Mi abuela las tenía plantadas en macetas y las llamaba por su nombre andaluz, brujas.

En su pequeño pueblo, El Cañarico (Alhama de Murcia), las mujeres se intercambiaban plantas para sus macetas, una de ellas esta, y mi madre ha «heredado» unas cuantos bulbos. Una maceta discreta, sin hojas la mayor parte del año, y unas pocas y dispersas a partir de junio, está llena de flores prácticamente de un día a otro. Y es que esta resistente especie se desarrolla con rápidez, en pleno verano, bastan varios riegos para desencadenar una sorprendente y acelerada floración. Aunque desconozco el significado y origen exacto de su nombre común en castellano parece ser que hace alusión a esta particularidad, las flores de esta planta aparecen de noche y por sorpresa, como las brujas.

Foeniculum vulgare, El Cañarico

Son pocas las plantas que con el calor abrasador del verano se atreven a florecer en este rincón del sureste de la Península Ibérica. En pleno julio, en los territorios murcianos semiáridos, son muchos los días que sobrepasan los 35 ºC de temperatura -a la sombra- , algunos rondan los 40 ºC y uno o unos pocos los superan. La evapotranspiración es muy elevada, desde hace meses, y todo está ya muy seco. Sin embargo, en estas fechas, el hinojo (Foeniculum vulgare) se desarrolla con vigor y produce miles de diminutas flores por planta, en cientos de inflorescencias umbeliformes. La imagen de a continuación muestra en detalle una umbela simple, de 18 flores -5 de ellas abiertas-, de una umbela compuesta -por 10 umbelas simples-. En total 133 flores en esta umbela compuesta concreta, que pueden convertirse en 266 frutos, de tipo mericarpo.

Cápsula de Narcissus nevadensis

Las bulbosas murcianas de las familias amarilidáceas, iridáceas y liliáceas presentan un fruto de tipo cápsula, que se abre en tres valvas, cada una de ellas con un septo longitudinal, que separa dos mitades. Estas fueron la mitad de un lóculo del ovario, que contenía los óvulos, ahora desarrollados y transformados en semillas, tras la fecundación.

La imagen de esta nota podría ser de una más de esas cápsulas, salvo por la particularidad de corresponder a un taxón muy amenazado, el narciso de villafuerte (Narcissus nevadensis subsp. enemeritoi). Los largos pedúnculos de esta planta hacen caer por su propio peso a las cápsulas, que maduran en abril y mayo muy cerca del suelo, con suerte dirigidas hacia el arroyo próximo, en cuyos herbazales vive este narciso. Así, cuando el fruto termina de abrirse, en junio y julio, las semillas pueden caer directamente al cauce y ser arrastradas y dispersadas aguas abajo.

La liberación de las semillas del fruto cierra y completa un ciclo biológico anual en una planta bulbosa. El órgano subterráneo permanecerá latente bajo tierra, salvando la época desfavorable y esperando condiciones ambientales mejores, para comenzar otro ciclo nuevo, meses después.