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Flora de Murcia

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El arto de Santa Catalina, Murcia

El arto (Ziziphus lotus) es un arbusto grande, arborescente, de ramas zigzagueantes, intrincadas y espinosas, que en Europa continental se distribuye (casi) únicamente por el sureste de España, en el ámbito fitogeográfico Murciano-Almeriense, el territorio más cálido y árido de la península Ibérica. Se trata, sin duda, de una especie emblemática de la flora española y sus poblaciones naturales, de Murcia y Almería, requieren de un reconocimiento especial, protección y, también, seguimiento, para asegurar su conservación. Cabe señalar que, en Almería y zona próxima del suroeste de la provincia de Murcia, donde se concentran sus principales poblaciones europeas, se conoce mayoritariamente como azufaifo, por lo que este sería su verdadero nombre común, porque es el que tiene mayor uso local y está más extendido o generalizado, incluso en la bibliografía.

Sin embargo, fue en el cuadrante sureste de la provincia de Murcia, en el territorio del arto, donde se cita por primera vez la especie Ziziphus lotus en la Región de Murcia (en el Reino de Murcia, como ‘regni Murcici‘), concretamente en la obra botánica Prodomus FLORAE HISPANICAE, volumen III de Willkomm y Lange (1880), «la obra más completa sobre las plantas vasculares españolas nunca antes hecha». Esta referencia corológica se basa en dos recolecciones del arto de «Santa Catalina, en las proximidades de la ciudad de Murcia» (según el pliego de Lange, de 1851), «al pie de las montañas al sur de Murcia» (según el pliego de Guirao, de 1852).

A esta zona, localizada en las proximidades de la ciudad de Murcia, al pie de las montañas al sur de Murcia, se llegaba por el camino de Santa Catalina, que años después se conocería como el camino del Verdolay, lugar de retiro veraniego en la montaña para los murcianos más pudientes del final del siglo XVIII.

El camino de Santa Catalina, según un mapa manuscrito en papel de 1898 (minutas planimétricas del IGN), conducía a las Casas del Conde del Valle, actualmente un edificio ruinoso y casi fantasmagórico, que antes de ser abandonado fue el colegio de huérfanos Hogar Escolar Castillo de Olite.

La gran casa señorial se erigía en el lugar conocido entonces como Baños del Valle y destacaba por su forma cuadrangular y grandes dimensiones, entre cultivos de olivos, donde se ubicaría después el “Vivero de Pinos”, y el único pequeño bosque de la sierra que no fue talado. En esta zona con grandes pinos carrascos estuvieron los baños y, posteriormente, además, un “Campamento”.

Junto al viejo edificio del conde, reconvertido en orfanato y colegio, aún en pie, pero muy decrépito, se encuentra actualmente el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre, donde se ubica temporalmente, pero desde 2017, el punto de información del Parque Regional Carrascoy y El Valle. También, en este lugar de los Baños del Valle, donde existió un campamento, se localiza el Albergue Juvenil El Valle, que permanece cerrado y sin uso desde 2020, cuando albergó a vagabundos de la ciudad de Murcia en los momentos más críticos de la pandemia COVID-19. En la zona de los baños, que competían con sus contemporáneos y muy renombrados Baños de Verdolay, fue donde se construyó el campamento, la casa albergue «Valle de San Juan» en 1930, para la agrupación de Murcia de los Exploradores de España, inaugurada el 21 de diciembre del mismo año.

Fue a este lugar, entre los Baños del Verdolay y los Baños del Valle, donde, hace más de 170 años, vinieron, primero, el botánico danés John Lange, coautor de Prodomus FLORAE HISPANICAE, y, después, el español y pionero de la botánica en Murcia Ángel Guirao. Al menos, a recolectar pequeñas ramas de un arto, de aquel primer Ziziphus lotus citado en la Región de Murcia.

Por allí, poco después del Monasterio de Santa Catalina del Monte, o Convento de Santa Catalina, como aparece en los mapas, incluso en los más antiguos, y muy cerca de la Ermita de San Antonio El Pobre, desacralizada y utilizada como centro de visitantes, se encuentra un viejo gran arto, de 7 m de diámetro mayor y 2 m de altura. Posiblemente, este arto de Santa Catalina sea el mismo que conocieron Lange y Guirao:

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